sábado, 23 de julio de 2016

7 de julio, sangre y dolor.

Me ha costado un tiempo escribir sobre este tema.

Los Sanfermines.

La atmósfera de decibelios y alcohol sin medida ya me incomoda. Llamadme aguafiestas, pero ese clima de desparramamiento multitudinario, esa necesidad de disparatar, ese entregarse al exceso amparados por la muchedumbre ya me produce náuseas.

Los encierros y las corridas, qué horror, un espectáculo de brutalidad paleolítica. Los toros aturdidos por la aglomeración, que corren despavoridos a golpes y trompicones sin reparar en nada más que en el deseo de salir de ahí. Y esas hordas de personas ahogadas en alcohol que buscan desatar adrenalina para que esconda un poco el miedo, que en un alarde de masculinidad pretenden encontrar la heroicidad donde no existe. Esa manada que disfruta la crueldad de ver a un animal revolcarse por el suelo, desparramar babas con los ojos inyectados en terror. Ver en la tortura divertimento, arte y tradición, ¿en qué seres repugnantes nos convierte?

Y tengo que hablar de esos machos bañados en sudor etílico, embriagados por el roce de los cuerpos que proporciona la multitud, sucios de testosterona. Esos que ven en la mujer una posesión, un ser con el único fin de complacer sus más vomitivos placeres, un lugar en el que escupir su porquería sexual. Esos que las rodean, las magrean, las desnudan con agresividad salvaje. Esos que meten a una chica en un portal, indefensa y aterrorizada, y la acosan, la violan, la rompen, y recogen el repulsivo show en una grabación para inmortalizar la humillación de la que se sienten orgullosos. Esos que vuelven a salir a la calle refugiados entre la masa humana, con sensación de impunidad, a continuar esparciendo violencia y sangre.

Me siento ajena a un país que festeja con ferocidad y salvajismo. Me siento avergonzada de que no se suspenda la celebración ante tales sucesos, de que no se ponga límite a la bestialidad de nuestra "cultura" respaldados en los grandes ingresos que supone. Me siento extraña en un mundo en el que combatir estas causas sea un movimiento aislado y ridiculizado.


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