miércoles, 25 de octubre de 2017

#retocreativo Noche·Búho·Magia

No podía ser de otra manera. Las palabras elegidas esta vez habían sido noche, búho y magia, y ya nos conocen, con esa combinación sólo cabía pensar en el universo Harry Potter.

Por ello, hemos decidido crear un relato inspirado en el mundo mágico, pero utilizando elementos de cosecha propia. Esperamos que les guste, y recuerden que pueden participar a través de los comentarios o en cualquiera de nuestras redes.



Mi nombre es Margot A. Sanna, bruja graduada por la casa Saperaude en la escuela de hechicería Crescere, especialista en Estudios y Elaboración de Remedios y Medicinas Mágicas.

Estoy en este mismo momento realizando uno de mis viajes, concretamente en la región de la Rusia central, en busca de una extraña planta a la que se le atribuyen propiedades curativas descritas en antiguos pergaminos que han llegado a mis manos. Les escribo para poner en su conocimiento la existencia de una criatura mágica jamás descrita hasta hoy.

Estando yo observando las constelaciones con la esperanza de encontrar buen augurio para nuestra expedición, pude avistar desde el campamento un maravilloso animal alado posado en una rama. Podría asemejarse al búho real, aunque con un majestuoso plumaje blanco que compite con la nieve y la escarcha de su alrededor, lo que le permite despistar mi mirada en algunos momentos. Habita en los bosques de coníferas que rodean el macizo de Altài en Siberia central y me apostaría diez ploutales de oro a que sale de noche en busca de algo que llevarse a las garras. Algo más grande que un buitre adulto, tiene los ojos profundamente negros con ligeros destellos de luz, no alcanzo a ver si son reflejo del cielo estrellado o son trozos de él. Justo entre los mismos, se distingue la silueta de una luna menguante, precisamente como la que brilla tal día como hoy, me pregunto si cambiará según la fase del satélite. Bajo los ojos destacan unas pequeñas gemas que reflejan la escasa luz de los astros, generando haces que deslumbran a las desgraciadas presas. Creo poder aseverar que esa misma piedra preciosa forma parte de su pico y garras. También pude presenciar, con una mezcla de asombro y pavor, cómo ensartaba y perforaba a un pobre roedor que andaba despistado y ciego entre los destellos. No me atrevería a asegurarlo, pero entre la turbia oscuridad, y ya con la cena entre los garfios, me pareció que se despedía con una sutil reverencia antes de partir vuelo hacia su refugio, esté donde esté. Quizá fue cuestión azarosa, sin embargo, arriesgaría mi vieja varita para defender que el rápido éxito de nuestra misión al despertar el día fue consecuencia directa del encuentro con aquel ave de fortuna.

Ruego que mi relato sea tomado en valor y recogido en el gran libro de Especies Mágicas Descubiertas y Por Descubrir, e insto al Instituto de Flora y Fauna del Mundo Mágico, con el que colaboro, a que investiguen acerca de mi revelador hallazgo.

Me despido. Hasta pronto.

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